El cerebro masculino y femenino

Mucho se ha hablado en los últimos días sobre las diferencias entre hombres y mujeres, buscando una igualdad que no podrá ser total por la realidad biológica del ser humano, pero que sí hay que tender a equilibrar en todos los aspectos que se pueda hacer.

Uno de los debates abiertos durante mucho tiempo es si el cerebro de los hombres y las mujeres es igual o diferente. Aunque en muchos casos se ha manifestado como diferente, es la ciencia la que manda y la que hoy nos puede decir muchas más cosas al respecto de este tema.

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El cerebro masculino y femenino

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El cerebro masculino pesa más. Entre un 8% y un 13%. Y la ciencia nos explica que el peso del cerebro está relacionado con la masa corporal que, como suele ser mayor en los hombres, su cerebro en consonancia también tiene un volumen mayor.

Pero aparte de esta diferencia de tamaño, la ciencia parece estar desmontando todos los mitos que se han establecido en el pasado respecto a las diferencias entre los cerebros masculino y femenino.

Tres neurocientíficas, Gina Rippon, en su libro ‘The gendered brain’ (Febrero 2019), Louann Brizdendine, en su libro ‘The female Brain’ y Lise Elliot de la Chicago Medical apuestan por ideas similares respecto a que hombres y mujeres poseen las mismas estructuras cerebrales y las diferencias que se manifiestan en la sociedad tienen más que ver con entornos y experiencias que con diferencias morofobiológicas entre ambos cerebros.

A día de hoy no hay ningún estudio científico que avale o corrobore las diferencias que se han contado sobre el cerebro masculino y femenino.

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El entorno y la experiencia influyen más que la ciencia.

En general, las diferencias entre hombres y mujeres no se han producido, entonces, porque haya diferencias funcionales entre los cerebros de uno y otro sexo. Lo que más ha influido en perpetrar esas diferencias viene dado por el entorno y por las experiencias propias de cada cual.

Si las mujeres no están tan acostumbradas a las matemáticas es, quizá, porque no han sido estimuladas a ello a través de sus etapas educativas. En una ocasión Pablo Motos presentó a una alumna universitaria de segundo curso de matemáticas que hizo el cubo de Rubick en menos de un minuto bajo el agua y sin mirar. La chica contó luego que le apasionaban las matemáticas y utilizaba conmutaciones y permutaciones para resolver el cubo. Supongo que casi nadie entendió lo que explicaba, pero demostró lo que cuenta la ciencia de que no existen realmente esas diferencias.

Si hablamos de la empatía, siempre se ha dicho que los hombres son menos empáticos que las mujeres y, una vez más, la ciencia está demostrando que eso no es cierto. Lo que sí ha ocurrido es que para los hombres estaba mal visto llorar o dejarse llevar por los sentimientos de los demás. Un hombre tiene que ser fuerte, se decía. Los hombres no lloran, se decía también. Y, ahora, la sociedad dispone de un montón de cerebros masculinos que, en muchos casos, deberían ir al psicólogo y no lo hacen porque su entorno siempre les dijo que eso no era necesario.

Las diferencias se han marcado en torno a las expectativas que la sociedad tenía sobre uno u otro sexo, lo que se esperaba de una mujer o de un hombre a nivel social. Estas expectativas han marcado las diferencias tan grandes que ahora se tienen que equilibrar y han producido mitos que ahora hay que desmitificar.

Además de todo lo anterior, las experiencias que cada cual vive marcan su evolución. Y provocan que el cerebro genere diferentes rutas neuronales producto del conocimiento adquirido, del aprendizaje obtenido y de la experiencia vivida.

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La importancia de la educación… también emocional.

La educación es un pilar fundamental para derribar los mitos sociales en torno a las diferencias entre el cerebro masculino y femenino. Los niños inician su educación sobre los 4 años de edad cuando todavía no tienen capacidad de discernir si lo que les están contando tiene otras perspectivas o no, si les va a limitar o les va a potenciar en la vida. Se les inoculan creencias sociales que les van a provocar una serie de comportamientos a lo largo de su vida.

Por tanto, si se les inoculan ideas de diferencias entre hombres y mujeres, en el futuro tendrán comportamientos que validen esas creencias. Pero si se les inoculan ideas de igualdad, de felicidad o de respeto, en el futuro tendrán comportamientos que validen estas creencias. Y, lógicamente, una sociedad con personas que se comporten según las segundas creencias parece un mundo mucho mejor que con las primeras.

Además, educar en inteligencia emocional desde los primeros años de la vida, tanto a mujeres, como a hombres generará sociedades más comprensivas, más tolerantes, más empáticas y, en definitiva, más felices.

Si se comienza con una educación de estas características desde los centros escolares, universidades y desde la propia familia, en una generación el mundo habría cambiado totalmente.

Tan sólo hay que poner de acuerdo a todos los que realizan planes generales de educación en sus respectivos países. Parece una tarea ardua y compleja pero si no somos capaces de soñar, tampoco podremos ser capaces de generar una nueva realidad.

¡Ojalá seamos capaces de conseguirlo! ¡La pelota está en nuestro tejado!

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Carolina Hernández
CEO Identidad Organizacional
Responsable de Comunicación y miembro de la Junta Directiva de Desata Tu Potencial

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DESATA TU POTENCIAL es una asociación sin ánimo de lucro y entidad de voluntariado creada y compuesta por un grupo de personas comprometidas con el desarrollo integral del potencial humano, especialmente de los jóvenes y adolescentes