Después de Nepal

Hace unas semanas viaje a Nepal. Antes de hacerlo, les prometí a mis amigos de Desata TU Potencial que escribiría un texto para el blog con lo que me hubiera inspirado esta experiencia. Transcurre el tiempo y ni siquiera lo empiezo. Bueno, para ser sincera, comencé unas líneas durante el vuelo, a la vuelta, pero no cuajaba. Y yo me debato entre excusas y les digo que no me olvido, que el texto está en mi cabeza… pero no es cierto. Y mis dedos no fluyen porque lo que yo supongo que se espera no cuadra con lo que puedo contar. Si a eso le sumamos una decisión que tomé hace tiempo y que consiste en escribir solo “desde las tripas”, el post no sale.

En primer lugar, ni me iluminé ni mi vida cambió al sentir la energía del país, al visitar los templos o al sentir de cerca el Hinduismo o el Budismo. Con respecto al Budismo, sentí una decepción hace unos años. Había leído sobre esta doctrina y había practicado yoga y meditación cuando vivía en Europa. El Budismo me atraía y me fascinaba a partes iguales. De repente me mudo a Oriente Medio y empiezo a conocer a gente de India, Nepal y de otros países del sudeste asiático, muchos de ellos budistas e hinduistas. En paralelo, viajo a Bali y a Sri Lanka y no encuentro ni en mis compañeros ni en estos viajes lo que había imaginado.

Así que viví un tiempo de decepción que discurrió en paralelo con la crisis de fe que he sufrido con respecto a la psicología positiva. Después de unos años siendo una ferviente seguidora de muchas teorías que hablaban sobre la inteligencia emocional y la felicidad, me rebelé contra ellas.

Viaje Nepal

He de decir que ya he reencontrado un equilibrio, y este punto de estabilidad no está en seguir todos los libros de autoayuda con fe ciega, asistir a cuantos cursos podía ni en sonreír todo el tiempo, suceda lo que suceda. Tampoco se encuentra en el otro extremo, en el que repudié todas las teorías de crecimiento personal donde me cabreé con el establecimiento de objetivos, con las estrategias para alcanzarlos y con la certeza de que podemos conseguir cuanto nos propongamos.

Y así me encuentro hoy, siendo mucho más sincera conmigo misma. Escuchando mis necesidades y mis anhelos. Los verdaderos de mi alma. Aceptándolos y aceptando las emociones que conllevan. No me empeño en pasar la mayor parte de mi tiempo en “estados emocionales positivos”. Todas las emociones son bienvenidas, escuchadas y aceptadas.

Ahora escucho mi Ser para ver cuál es mi Intención. Y todas las Geles se ponen a trabajar por esta intención. Bien alineadas.

He dejado de usar lo aprendido para agradar a los demás. O mejor dicho, he dejado de hacerlo de manera sistemática. Empatía, técnicas de rapport, sonrisa eterna, sintonizar con el canal de comunicación del otro y otras habilidades aprendidas se han convertido en herramientas que utilizo cuando las necesito y de manera consciente. Ya no son mi tarjeta de presentación forzada. El desmedido entusiasmo que siempre me acompañaba se ha  transformado. Por eso ahora tengo más energía para mí, porque no la derramo en forma de frenesí diario.

Creo que soy más auténtica. Más yo.

Por otra parte, me doy cuenta de que todo lo aprendido en mi etapa de seguidora compulsiva de la psicología positiva forma parte de mi camino, de mi aprendizaje. Ya no estoy enfadada, me siento agradecida. Todavía leo libros y sigo a muchos maestros pero con cuidado y sabiendo que existen muchos charlatanes en “este mundillo”. El crecimiento personal está de moda, tiene millones de seguidores y mueve cantidades ingentes de dinero en todo el mundo. Muchos se han subido al carro atraídos por la fama, por el business, por la moda o por un entusiasmo desmedido.

Y, amigos, me encantaría decir que mi viaje a Nepal fue insólito, que descubrí las sonrisas más increíbles que he visto jamás, que hablar con refugiados tibetanos resultó una experiencia mística para mí. Podría hablar sobre meditaciones profundas y el influjo de las montañas pero, como ya he dicho, decidí ser sincera conmigo misma y ser sincera pasa por escribir solo desde las tripas.

Lo que viví en mi viaje a Nepal no fue un despertar a la conciencia. Lo que viví fueron unos días divertidos y refrescantes. Disfruté de mis dos amigas y compañeras de aventuras. Me distancié de mi rutina y de mi trabajo en Oriente Medio. Respiré naturaleza, verde y montañas. Descubrí, experimenté y disfruté como se suele hacer en casi todos los viajes. Volví renovada, nutrida y refrescada.

Y esto es lo que puedo contar sobre mi viaje a Nepal y mi experiencia. Espero que mi sinceridad os ayude en vuestro aprendizaje.

Geles Rivera
Geles Rivera es escritora y arquitecta. Es miembro de Desata TU Potencial y participaba activamente cuando residía en España. Ha vivido los últimos años en Qatar y actualmente está planteándose en qué lugar del mundo seguir caminando.

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