A propósito de volver a asistir y realizar el seminario

Hice mi primer seminario en 2014. ¡¡Fue impactante!!

En aquel momento me encontraba en una situación personal y económica muy muy delicada. Hacer el seminario supuso ser consciente de qué áreas de mi vida tenía que gestionar y cuáles tenía que mejorar, y sobre todo fui consciente de TODO lo que tenía que dejar de hacer (en ocasiones se trata de eso, no de qué hacer sino de qué dejar de hacer). En el seminario, además de reírme un montón y adquirir sentimiento de pertenencia a estas personas, los desatados, con las que tenía tanta afinidad, tuve un punto de inflexión: comencé a tomar decisiones (dejar de hacer también parte de una decisión).

Para finales de 2014 mi situación personal y económica había alcanzado su momento crítico, hasta el punto que tuve que abandonar la vivienda en la que estaba rehaciendo mi vida, tuve que cerrar mi empresa y tomé la determinación de que yo no soy mis circunstancias y que remontaría poco a poco. Para aquel entonces había cumplido un punto del plan de acción que me preparé en el seminario: ¡no rendirme! Decidí hacer cosas distintas para obtener resultados distintos; compartí piso con varias personas con tal de no irme a Valencia a vivir con mis padres y perder la custodia de mi hijo; trabajé en modo freelance con una mano delante y otra detrás con tal de mantener mis clientes (a los cuales les envío un abrazo enorme); y decidí volcarme en mi desarrollo personal y en mi mejora paulatina. Hice el curso “Caminos a la Felicidad” en el cual, además de hacer amistades que ahora forman parte de mi vida, logré solucionar un problema de insomnio que me había quitado la vida durante más de cuatro años; también hice más cursos y talleres, y comencé a leer únicamente información relativa a la mejora y desarrollo personal. Obviamente, mi situación comenzó a mejorar. Aquel año apunté a mi hijo a su primer año de fútbol 8, con tal de que su vocación por el fútbol disminuyese en él el impacto de mi situación.

Tomé también la decisión de repetir el seminario. La primera vez que hice el seminario, en el ejercicio de la visualización, me vi a mí mismo varios años después con una situación mejorada, más relajada e incluso feliz. En el transcurso de ese tiempo continué tomando decisiones, algunas “muy arriesgadas” como renunciar a un empleo bien remunerado porque el entorno era (y es) tóxico, no tenía (ni tiene) garantías de futuro y me sentía enormemente infeliz; mientras a mi hijo no le iba muy bien en el fútbol, pues el club era (y es) bastante desaliñado y perdían todos los partidos por más de diez goles de diferencia (¡¡todos!!; ¡muy duro para un benjamín!). Bueno, pues me hice responsable, o sea, que respondí con mis habilidades, entre las que se encuentran la paciencia, tesón y capacidad de sacrificio (las descubrí en el seminario). En el siguiente seminario que hice, en el ejercicio de la visualización, me vi a mí mismo varios años después recibiendo el reconocimiento de mis seres queridos: “hiciste lo correcto”, visualización que obviamente me emocionó bastante.

Y hoy, casi cuatro años después de aquel primer seminario, me encuentro en una situación personal estable, sin sobresaltos, sin la necesidad de compartir vivienda (aunque pese a los momentos más incómodos que viví, también guardo buenos recuerdos) y en lo profesional rodeado de personas afines a mí y practicando mi vocación: crear. En lo relativo a mi hijo y el fútbol, tras comprobar que la situación el en equipo en el que jugaba no iba a mejorar, en la liga 2017-2018 decidí inscribirlo en un equipo distinto, pese a que ya no jugase con sus amigos, pese a que tuviera que volver a ganarse la confianza de compañeros y entrenadores; hoy es el día en que han ganado la liga y dos torneos.

Sí, voy a seguir tomando decisiones, y voy a repetir el seminario. En cada seminario que hago aprendo algo nuevo, algo que antes no me había llamado la atención (cada cosa tiene su momento), y además estoy impaciente por hacer el próximo ejercicio de visualización con Juan Planes.

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Tomás Sánchez Expósito
Me gusta la gente sana, hacer deporte, escuchar música, actividades al aire libre...

Se sabe que un adulto feliz es aquél que saca a relucir su niño interior, pero pocos son los que quieren hacer tonterías. Llámame tonto, pero yo soy feliz! ????

Los Sioux decían que “antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus zapatos”.

Dejando atrás el viejo paradigma.

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